
Anam Cara...
Si miráis hacia el bosque veréis el verde profundo, sentiréis el viento que os acompaña, sentiréis a los duendes correr, un atisbo veréis de la grandeza de los druidas.
Si os acercáis un poco escucharéis los viejos relatos, que un buen día un roble como yo quiso contar
Entre las zarzas danzan las hadas, en los pequeños arroyos los pixies juegan alegremente y más allá entre las copas más altas de los árboles, los elfos emergen en su noche plena.
Así es esta isla, el hogar de mis ancestros, de mis maestros y mis discípulos, el hogar de guerreros y brujas, de doncellas inocentes y bravos muchachos… esta es Emerald, o como ustedes la llaman Irlanda, el hogar de los celtas.
Sucedía entonces que otras tierras, cuyos parajes no eran tan frondosos, ni sus árboles tan verdes, cuyos volcanes arrasaban y sus mares desbordaban, comenzaron a sentir que el designio era injusto, la envidia y la codicia invadieron sus corazones y comenzaron a odiar, el peor de los males en ese entonces… he aquí que cuando sus corazones hubieron sucumbido al mal, vieron en Emeralds la solución a su dolor, y la invadieron…
Los celtas bravos guerreros, defendían sus hogares, pero el dolor de los invasores les otorgaba fuerza increíble y resistencia mayor, durante mucho la guerra fue pareja, sin embargo con el tiempo, las fuerzas celtas se veían diezmadas y los enemigos no cesaban de llegar, bárbaros del oeste, bretones del este, normandos del norte, vikingos de las lejanas tierras heladas…
Poco a poco los invasores se hicieron de las tierras y mi gente, tuvo que refugiarse en las espesuras de los bosques, ya que por muy fuertes que fueran los invasores, los árboles tenemos otro tipo de fortaleza, e inteligentes como somos, no permanecemos quietos.
Podemos lograr que un ejército se extravíe y muera más tarde de hambre y sed, pues no obtendrán fruto a la fuerza ni agua de nuestros arroyos…
Así mi pueblo comenzó a vivir entre los árboles, anhelando el día, en que provistos de nuevas fuerzas, recuperarían la isla legítimamente suya…
Pasaron los años, y cierto día dos mujeres dieron a luz, los bebés, un niño y una niña eran hermosos y fuertes Fergus y Eilin, esos fueron sus nombres…
Ambos crecieron sanos, educados en las más variadas disciplinas. Fergus aprendió con destreza el uso de la espada, el arte del camuflaje y a moverse en silencio, de los viejos sabios de lo profundo aprendió a dominar el agua a su antojo.
Eilin aprendió otras artes, el arte de la sanación, el dominio de las criaturas terrestres y a leer en la mirada la verdad del corazón.
Aunque ambos niños eran tan talentosos, no solían hablar mucho, preferían escuchar e instruirse observando, así también que eran capaces de lanzar con precisión una flecha y de moverse sin ser detectados. Sólo cuando estaban solos dejaban que las palabras fluyeran, aún así podían permanecer largo rato en silencio, sentados uno junto al otro sin mirarse, y al mismo tiempo compartiendo cada respiración…
Mientras tanto en las afueras de los bosques los extranjeros seguían atentos a la lucha y al dominio, no contentos con apoderarse de la isla querían ahora los bosques y sus secretos, y al verse superados por tan obtuso poder decidieron destruirle…
Así comenzaron a quemar los árboles, a secar los arroyos, las criaturas mágicas huyeron y la gente del bosque sintió, que era momento de regresar a la batalla…
Aunque habían pasado 15 años desde la última vez que abandonaron su bosque, los celtas no tenían tantos guerreros como antes, sabían de la desventaja que sufrían, sin embargo no abandonarían sin pelear…
Pasaron las semanas y las noticias eran tristes para los celtas… el enemigo destruía todo sin piedad, los guerreros a veces regresaban, sangrantes y maltrechos, incapaces de levantar sus manos contra ellos… todos los días más jóvenes se aventuraban al frente, para no regresar…
Los druidas entonces les guiaron en una antigua costumbre… en vísperas de la partida, amigos, amantes, padres e hijos se adentraban hasta el borde de algún riachuelo o en la cima de alguna colina, se tomaban de las manos y se contemplaban en silencio, luego con sus manos aún entrelazadas contemplaban las estrellas, repitiendo en sus corazones el nombre de quien estaba a su lado… luego estrechamente abrazados se murmuraban palabras de aliento y cariño, de esperanza y valor…por último se miraban, besaban sus frentes y juntaban sus narices con ternura… podía ser la última vez que se vieran, pero el fin no existe para este pueblo… aunque fueran arrancados de la tierra, siempre vivirían mientras en el mundo hubiera alguien que les recordara…
Una tarde de especial frialdad Fergus fue llamado a la batalla… con gesto sereno tomó a Eilin de la mano y juntos caminaron hacia una colina que muchas veces fue testigo de sus juegos y entrenamientos y ahora sería testigo de su promesa…
Fue una noche especialmente hermosa cuando juntaron sus manos y prometieron ser leales y valientes… tenían 15 años entonces… mientras se miraban a los ojos, Eilin vio en Fergus el dolor que le causaba la separación, y la esperanza de que ella siempre le recordaría… con las cabezas juntas escucharon el palpitar de sus corazones… y hecho esto se marcharon…
Caminaron en silencio sin soltar sus manos… y con apenas una mirada se separaron...
Nunca volvieron a verse… aunque sus corazones siempre permanecieron juntos, no hubo lágrimas, no hubo duelo, pues para aquellos que han prometido la muerte no es obstáculo…
Por eso hoy, si es deseo del corazón prometer como lo hacían los antiguos, hacedlo… tomad vuestro pacto y hacedlo… como Eilin… como Fergus.
Si os acercáis un poco escucharéis los viejos relatos, que un buen día un roble como yo quiso contar
Entre las zarzas danzan las hadas, en los pequeños arroyos los pixies juegan alegremente y más allá entre las copas más altas de los árboles, los elfos emergen en su noche plena.
Así es esta isla, el hogar de mis ancestros, de mis maestros y mis discípulos, el hogar de guerreros y brujas, de doncellas inocentes y bravos muchachos… esta es Emerald, o como ustedes la llaman Irlanda, el hogar de los celtas.
Sucedía entonces que otras tierras, cuyos parajes no eran tan frondosos, ni sus árboles tan verdes, cuyos volcanes arrasaban y sus mares desbordaban, comenzaron a sentir que el designio era injusto, la envidia y la codicia invadieron sus corazones y comenzaron a odiar, el peor de los males en ese entonces… he aquí que cuando sus corazones hubieron sucumbido al mal, vieron en Emeralds la solución a su dolor, y la invadieron…
Los celtas bravos guerreros, defendían sus hogares, pero el dolor de los invasores les otorgaba fuerza increíble y resistencia mayor, durante mucho la guerra fue pareja, sin embargo con el tiempo, las fuerzas celtas se veían diezmadas y los enemigos no cesaban de llegar, bárbaros del oeste, bretones del este, normandos del norte, vikingos de las lejanas tierras heladas…
Poco a poco los invasores se hicieron de las tierras y mi gente, tuvo que refugiarse en las espesuras de los bosques, ya que por muy fuertes que fueran los invasores, los árboles tenemos otro tipo de fortaleza, e inteligentes como somos, no permanecemos quietos.
Podemos lograr que un ejército se extravíe y muera más tarde de hambre y sed, pues no obtendrán fruto a la fuerza ni agua de nuestros arroyos…
Así mi pueblo comenzó a vivir entre los árboles, anhelando el día, en que provistos de nuevas fuerzas, recuperarían la isla legítimamente suya…
Pasaron los años, y cierto día dos mujeres dieron a luz, los bebés, un niño y una niña eran hermosos y fuertes Fergus y Eilin, esos fueron sus nombres…
Ambos crecieron sanos, educados en las más variadas disciplinas. Fergus aprendió con destreza el uso de la espada, el arte del camuflaje y a moverse en silencio, de los viejos sabios de lo profundo aprendió a dominar el agua a su antojo.
Eilin aprendió otras artes, el arte de la sanación, el dominio de las criaturas terrestres y a leer en la mirada la verdad del corazón.
Aunque ambos niños eran tan talentosos, no solían hablar mucho, preferían escuchar e instruirse observando, así también que eran capaces de lanzar con precisión una flecha y de moverse sin ser detectados. Sólo cuando estaban solos dejaban que las palabras fluyeran, aún así podían permanecer largo rato en silencio, sentados uno junto al otro sin mirarse, y al mismo tiempo compartiendo cada respiración…
Mientras tanto en las afueras de los bosques los extranjeros seguían atentos a la lucha y al dominio, no contentos con apoderarse de la isla querían ahora los bosques y sus secretos, y al verse superados por tan obtuso poder decidieron destruirle…
Así comenzaron a quemar los árboles, a secar los arroyos, las criaturas mágicas huyeron y la gente del bosque sintió, que era momento de regresar a la batalla…
Aunque habían pasado 15 años desde la última vez que abandonaron su bosque, los celtas no tenían tantos guerreros como antes, sabían de la desventaja que sufrían, sin embargo no abandonarían sin pelear…
Pasaron las semanas y las noticias eran tristes para los celtas… el enemigo destruía todo sin piedad, los guerreros a veces regresaban, sangrantes y maltrechos, incapaces de levantar sus manos contra ellos… todos los días más jóvenes se aventuraban al frente, para no regresar…
Los druidas entonces les guiaron en una antigua costumbre… en vísperas de la partida, amigos, amantes, padres e hijos se adentraban hasta el borde de algún riachuelo o en la cima de alguna colina, se tomaban de las manos y se contemplaban en silencio, luego con sus manos aún entrelazadas contemplaban las estrellas, repitiendo en sus corazones el nombre de quien estaba a su lado… luego estrechamente abrazados se murmuraban palabras de aliento y cariño, de esperanza y valor…por último se miraban, besaban sus frentes y juntaban sus narices con ternura… podía ser la última vez que se vieran, pero el fin no existe para este pueblo… aunque fueran arrancados de la tierra, siempre vivirían mientras en el mundo hubiera alguien que les recordara…
Una tarde de especial frialdad Fergus fue llamado a la batalla… con gesto sereno tomó a Eilin de la mano y juntos caminaron hacia una colina que muchas veces fue testigo de sus juegos y entrenamientos y ahora sería testigo de su promesa…
Fue una noche especialmente hermosa cuando juntaron sus manos y prometieron ser leales y valientes… tenían 15 años entonces… mientras se miraban a los ojos, Eilin vio en Fergus el dolor que le causaba la separación, y la esperanza de que ella siempre le recordaría… con las cabezas juntas escucharon el palpitar de sus corazones… y hecho esto se marcharon…
Caminaron en silencio sin soltar sus manos… y con apenas una mirada se separaron...
Nunca volvieron a verse… aunque sus corazones siempre permanecieron juntos, no hubo lágrimas, no hubo duelo, pues para aquellos que han prometido la muerte no es obstáculo…
Por eso hoy, si es deseo del corazón prometer como lo hacían los antiguos, hacedlo… tomad vuestro pacto y hacedlo… como Eilin… como Fergus.
1 comentario:
Aunque el miedo está, sólo cuando lo sientes puedes saber cuan valiente eres... ¿no es el valor acaso el momento cuando somos capaces de seguir a pesar del miedo?...
No llores, pues partiremos tu y yo pero el recuerdo nos mantendra unidos
Publicar un comentario